Rutina, acompañamiento y cuidado: Tres aprendizajes para comprender la educación en tiempos de pandemia.

 In Socios BCO


Por Santiago Contrucci, Mgs. Sociología UC y Socio BCO Consultores.

 

Educación 2020 en su informe “Educar en Tiempos de Pandemia”, afirma la necesidad de “replantear el rol de la escuela y lo educativo, teniendo como telón de fondo el cuidado de la salud mental de estudiantes y familias”. Para ello, como el mundo educativo bien sabe, se debe diseñar desde y para estudiantes.

Para enfrentar este desafío, quienes trabajamos en educación, ya sea como docentes, directivos, consultores u otro rol, nos preguntamos qué está pasando con estudiantes y familias, una unidad que hoy hace más evidente que nunca su naturaleza relacional. En esa línea, propongo tres focos que podrían iluminar aquello que se ha vuelto un punto ciego: la experiencia educativa de estudiantes y sus familias. Espero poder entregar conceptos e ideas claras al constante trabajo reflexivo del mundo educativo, para una mejor toma de decisiones.

 

  1. Enfocarnos en la rutina para lograr que el hogar sea un espacio de aprendizaje. A raíz de la pandemia, los y las estudiantes no cuentan con clases en horarios y días preestablecidos, así como tampoco hay, necesariamente, reglas que estructuren cotidianamente las tareas. Esta falta de rutina aplica también a sus padres y madres. La mayoría de los y las estudiantes se ven enfrentados a algo completamente nuevo: el deber de organizar su día por completo, ya no solo estudiar para una prueba, hacer un trabajo en grupo o leer un libro. Si ya para muchos responsabilizarse por hacer una tarea era una empresa difícil, imaginemos lo que es organizar un día o planificar el mes de forma autónoma. Hoy deben organizar sus tiempos para hacer guías, atender videollamadas o ver un montón de videos. A diferencia de la interacción digital o a distancia, la educación formal se ha centrado completamente en el formato presencial, lo que ha sido la gran pérdida de este período. Hay muchos motivos de porqué esta pérdida importa, pero quiero relevar que éste formato ordena, da claridad y sitúa el proceso de aprendizaje. ¿Se ha perdido por completo? No, pero ha estado principalmente sujeto al nivel de autonomía de estudiantes y el acompañamiento de sus familias, por lo tanto se hace necesario que se les apoye intencionando la rutina, ya sea por medio de estrategias de aprendizaje, como por técnicas de estudio.

 

  1. No dar por sentado que estudiantes están cómodos con la educación por medios tecnológicos. Estas generaciones son nativos digitales y sin duda tienen mayor facilidad y cercanía en el mundo virtual que quienes intentan acompañarlos en sus aprendizajes. Esto no quiere decir que se sienten cómodos aprendiendo con esas herramientas. Gran parte de estos estudiantes pasa gran parte del día en redes sociales y pueden desempeñarse incluso con las habilidades de un genio como Steve Jobs. Sin embargo, puede suceder que en labores no habituales, de mayor responsabilidad o de mayor sofisticación, aquello que era una ventaja se vuelva un estorbo; por ejemplo, conocer los protocolos de redacción de un correo electrónico para enviar un ensayo, o exponer argumentos a través de un micrófono y una pantalla. Incluso si es que fuera un pequeño grupo de estudiantes los que se sienten incómodos, debemos centrarnos en esos que se “esconden” detrás de una realidad generacional. El punto es el siguiente: Es bueno que nos apoyemos en el manejo tecnológico de estas generaciones, pero jamás descansar en ello, hay quienes no están cómodos con la interacción digital.

 

  1. Estudiantes, hoy más que nunca, se encuentran en tierra fértil de importantes desencuentros entre familias y escuelas. La tendencia que se ha observado hace décadas en la relación familia–escuela, es que las familias han ido progresivamente delegando la tarea educativa a la escuela. Por un lado, se ha ido instalando una cultura donde familias se enfrentan como clientes a la escuela, omitiendo su corresponsabilidad en el aprendizaje. Por otra parte, hay escuelas que limitan su relación a informar lo mínimo de lo que hacen a las familias, sin lograr ningún tipo de involucramiento[1]. El resultado es que escuela y familia pueden llegar a verse, mutuamente, como una amenaza, donde cada uno culpa al otro por los resultados de aprendizaje de sus estudiantes. Se le ha llamado a este fenómeno el de “atribuciones de culpas cruzadas”[2]. Hoy las familias están a cargo de guiar forzadamente el proceso de aprendizaje, de una manera más activa que nunca. Con justa razón, muchas familias se han visto sobrepasadas por esta tarea. Este se vuelve un terreno fértil para que el fenómeno se agudice, dejando a estudiantes realmente en la mitad, que puede solo agravar un mal contexto de aprendizaje. Visualizar esto es crucial, porque las tensiones ya se están acumulando y quienes tienen más que perder son las y los estudiantes.

 

Intencionar la rutina, aprovechar pero no descansar en las habilidades tecnológicas de estas generaciones, y buscar un enfoque colaborativo entre escuela y familias, son tres ideas que espero puedan ayudar e iluminar algunos de los múltiples puntos ciegos del mundo educativo, para seguir comprendiendo esta compleja realidad. Si conocemos mejor el ambiente educativo en el que están los y las estudiantes, podremos acompañarlos, independientemente de las circunstancias, a crecer.

 

 

[1] Esta progresiva delegación de la tarea educativa en la escuela tiene que ver con algo mucho más grande que un grupo particular de familias o colegios, hay un sistema y cultura que se ha ido complejizando, que entrega a la educación mayores expectativas y necesidades. Estas se reflejan muy bien en el nivel de especialización en sus diferentes funciones: la incorporación de profesionales de psicología, psicopedagogía, fonoaudiología y otros asistentes de la educación, así como nuevos contenidos, metodologías y pruebas estandarizadas, solo por nombrar algunos ejemplos.

[2] Alcalay, Milicic y Torreti (2005)
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